miércoles, 29 de abril de 2015

Vainilla

Hay ruido.
Esta pasando la yema de sus dedos por los vellos de su brazo, despacito.
Como si tuviera miedo de tocarle.
Sus dedos de fuego,  su brazo de hielo.
Mas que ruido, son voces que alegan sobre los tonos grisaceos que viven en el arco iris;
de las hojas de otoño cayendo en mitad de abril, balanceándose hacía el lado izquierdo del camino.

La hojas hacia la izquierda siempre caen en número par. Las ha contado en diversas ocasiones. Te sorprendería el no encontrar un número non por ningún día de la semana.

Hay también besos con eco, cuando está por terminar la luz vainilla del día, degustando la fragancia de sus palmas y suspirando en braille.

Le esta clavando un 'sin embrago' en la pared del músculo cardíaco.

¡Ah! Ha llegado la hora. Se trepa al escalón para ver si de esa forma logra ver el futuro.

Se esta aferrando,
como la punta del gancho de tejer, a las falanges distales de su mano, mientras entre sus dedos escurre el principio del cuento que le cuenta.
Va comenzando con la mirada posada en sus labios antes de decirle adiós.

viernes, 24 de abril de 2015

Recuerdo de la noche de mayo cuando aún era abril

Tuve la necesidad de alejarme. No entendí del todo porque.

Llevo escuchándolas desde febrero. Se que en unos meses se van a callar.

Me propuse ser otra persona, como quien ensaya para una obra de teatro. 
Aprendí diferentes diálogos y como entrelazar manos.


Casi saboreaba el gusto de los segundos antes de cada respiro.

Todo iba según el plan.
Me quedaban unos días más.

Se me están olvidando los diálogos.
Ya no recuerdo que hacer primero cuando la mano se acerca a la mía.

Ese día escuché el aire, pero no lo sentí.

No recuerdo haber volteado atrás. 
Desde entonces he estado bajo la cama. Nadie ha llamado a la puerta.

No recuerdo como contar los segundos.




sábado, 11 de abril de 2015

AmorFo

Madera. Como el niño de madera, cuyo espíritu era más humano que el de mis verdugos. Su nombre me recordaba al títere infantil y nunca a otra cosa. ¿que se sentirá ser eterno y diminuto? Como el individuo que quizá fue un discípulo, pero cuya información desconozco.

He sido eterno cuando alguien me recuerda y no puede darme un nombre, porque entonces vago entre sus pensamientos y voy cambiando de forma, tal vez hasta ya ni siquiera poseo primer apariencia de mi mismo, pero rondo en fondo de alguno de sus  sueños, como una persona que cruza la calle y da la vuelta en una esquina. Eterno porque no tuve un principio y tampoco tuve un fin. Diminuto, porque a penas si se percató de mi existencia.

Así se siente.

Ese día llegué cuando caía el sol y la gente estaba ruidosa en el jardín. Quería acostarme en la barda que delimitaba la banca de concreto y el espacio vital del árbol que me acompañaba. Podría ser pariente del títere, me sentí avergonzado. Me recosté en el límite imaginando que podría llegar alguien en cualquier momento a quitarme.

Estoy esperando a alguien. Se que va a llegar. Miré hacia ambos lados, luego arriba, al cielo inundado de grises y esponjosas nubes que no dejaban ver más que mis pensamientos. Levanté el torso. El árbol podría sentirse ignorado  si no le dirigía una que otra miradita de cuando en cuando. Al ver al frente, una silueta blanca, muy al fondo de la calle, se acercaba andando hacía mi. Tal vez no era hacía mi, pero me lo quise creer por un momento, por un instante, que yo no era tan diminuto ni tan eterno para ser olvidado.

Esa forma de andar me tenía con la mirada bien fija. Me quede muy quieto y trate de distinguir alguna expresión en el rostro. Una mueca de sonrisa se iba dibujando a cada paso que se acercaba. Yo reconocería ese andar entre una multitud de gente sin dudarlo, y sería mi satisfacción el no equivocarme cada vez.

Cruzó la calle que nos separaba. Pasé saliva y sonreí.

Tranquilamente detuvo su andar al estar justo al frente mío y me dijo tiernamente que me había confundido con gato. En ese momento quise restregarme entre sus piernas y empezarle a maullar, ronronear en su pecho y lamerle la mano.

Yo no era tan diminuto ni tan eterno como creía. Yo era su gato.

miércoles, 8 de abril de 2015

Latín. Luz. Клавдий

Es insignificante lo que puedo hacer ahora.
Eres fuerte.
Estabas de pie, a penas si podías sostener tu cuerpo menudito
con esas piernas que temblaban

Sentí húmedo el clima,
hacía calor y había estado lloviendo hacía poco.
Antes de salir me detuvieron,
y es por eso que salí tarde. Es por eso que te encontré en la calle.

No está lloviendo ahora, pero el cielo si esta gris.
Estas lloviendo tú.

¡Que pequeño es el mundo!
¡que cortos los sueños!
¡que efímeros los momentos!

Él esta así porque es tu fuerte para esta tormenta
ella está ahí porque trata de solventar tu falta
me quedé ahí para poder darte lo podía
y quienes se quedan, se quedan para estar

¡Nadie va entenderlo ahora!
Porque eso que sientes, solo lo sientes tú
Esas rodillas dobladas
esas lágrimas que brotan imparables
esas palabras con el sonido de un suspirito mas que de tu voz
y el amor que diste cada instante.

Nadie pudo detenerte, eso vi en tus recuerdos.

Tocaste su brazo y su cabello.
Tal vez ya no era, pero tu sabes que era.

Recuerdos de agua
viajes con auriculares
llamadas interrumpidas

Pero nadie te pudo detener.

Y me sonaba el señor optimista, aunque no fue así.