viernes, 2 de octubre de 2015

Lo siento, no puedo.

Se lo dije ya, al menos veintitantas veces, y me ha regresado el favor si a caso cinco.

Lo he pensado tantas veces.

¿Por qué?

Tal vez se me da mejor el hablar con fantasmas y recordar errores. 
Tal vez, como al del pequeño pelirrojo, no se hizo para mi organismo.

Entra por los ojos y sale como un estornudo.
Se disuelve como sal en el agua.

Me ha dicho que no soy flexible, y por eso es que se rompe cono el cristal,
y no se retuerce como un elástico sobre su cabello.

Se queman las cuerdas vocales,
el rechinido proviene del oxido
por su falta de uso,
metálico y frío,
como tú
cuando prometiste la noche. 

Cada vez lo digo con más fuerza, lo podría gritar, pero no es necesario
no necesito decirlo fuerte para creerlo, 
por eso lo digo quedito
y lo pienso de cuando en cuando
para cuando
lo escuches por última vez.

Ese lugar en el viaje, ya estaba ocupado.
Tengo tareas que acabar y hacer fila, para hacer fila.