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Mostrando entradas de septiembre, 2016

Treinta y tres (Canciones de cajón I)

Billy Corgan contó para un programa especial de Storytellers, bajo el sello de vh1, el significado - y por tanto la historia detrás- de algunas de sus canciones más emblemáticas, dentro de las cuales está "Treinta y tres", como se puede predecir por el título.
Yo escuché esa canción cuando tenía 12 o 13 años; siendo que "Mellon Collie & The Infinite Sadness" había sido el disco mas importante en ese momento de mi vida, disco que escuché tantas veces que empezó a rayarse, y aún hoy conservo con nostalgia. El disco doble que amé con locura y cuyo arte me hacia transformar realidades e imaginarme entre historias fantásticas de estrellas y gatos parlantes.


A pesar de mis teorías sobre la letra de la canción, tanto propias como infundadas por lo que había leído acerca de las coincidencias sobre la vida de Jesucristo, al encontrarme el storyteller, sacié mi sed de curiosidad y no solo eso, si no que me dejó una lección.
"El año era 1994 y me acaba de mudar a una…

Mundana. Cuento*

He deicidio dejar de verle. Mundana ha sido su nombre de rebautizo, porque creo que si vuelvo a pronunciar su nombre, volveré a querer tocar sus pecas.
Todos piensan que somos pareja, y vaya que no podrían estar más equivocados. Ella solía tomarme de la mano todo el tiempo y besarme en las comisuras de los labios. A veces se sentaba en un lado y subía sus piernas en las mías, mientras me platicaba cómo y cuántos tipos habían estallado entre sus blancas piernas, tan sólo en el último mes. A veces entre cada relato, me cogía las manos y las colocaba en sus senos diciendo que era la parte que mas le gustaba de su cuerpo. Yo sólo sentía como la cara se iba tornando roja y trataba de safarme, haciéndole saber que en mi casa me enseñaron a respetar a las mujeres, entonces ella se reía y se recostaba en mi hombro, acercando su mano a mi entrepierna.
No tengo el recuerdo de mi primer contacto con alguna droga, pero se que ella podría ser una. Es como aquel día en Hache Uve, donde recuerdo ha…