domingo, 18 de septiembre de 2016

Treinta y tres (Canciones de cajón I)

Billy Corgan contó para un programa especial de Storytellers, bajo el sello de vh1, el significado - y por tanto la historia detrás- de algunas de sus canciones más emblemáticas, dentro de las cuales está "Treinta y tres", como se puede predecir por el título.

Yo escuché esa canción cuando tenía 12 o 13 años; siendo que "Mellon Collie & The Infinite Sadness" había sido el disco mas importante en ese momento de mi vida, disco que escuché tantas veces que empezó a rayarse, y aún hoy conservo con nostalgia. El disco doble que amé con locura y cuyo arte me hacia transformar realidades e imaginarme entre historias fantásticas de estrellas y gatos parlantes.

James Iha  y D'arcy, en una en uno de los fotogramas del video "Thirty Three"


A pesar de mis teorías sobre la letra de la canción, tanto propias como infundadas por lo que había leído acerca de las coincidencias sobre la vida de Jesucristo, al encontrarme el storyteller, sacié mi sed de curiosidad y no solo eso, si no que me dejó una lección.

"El año era 1994 y me acaba de mudar a una nueva casa (...) era hora escribir el nuevo álbum, el cual se llamaría Mellon Collie (...) fue la primer canción que escribí para ese álbum, la cual envuelve el espíritu de ese tiempo (...) Estaba esperanzado con la idea de que eventualmente y algún día, y parecía que iba a suceder, tendría una vida feliz. Pero no es lo que realmente quiero enfatizar de esta canción. La esperanza es el componente clave  de la vida porque uno debería tener esperanza y fe, para salir de la cama y hacer lo que sea en el mundo. En mi mente, en ese entonces, creo que tenía 27 años, y creía que lo había logrado. Supuse que tenía todo lo que uno podría querer en la vida: la esposa, el gato, la casa, el auto, el dinero y la fama... pero creo que lo que realmente trato de decir es que lo en realidad quería era un hogar feliz (...) cantar esta canción no me molesta porque yo entré a esas situaciones con las mejores intenciones y cuando descubrí que no eran para mi, las cambié"


El significado de la canción radica en eso "hace permanente lo efímero", supongo que por eso la frase de "i know i'll make it, love can last forever", siendo que se encontraba en un punto máximo de vida y sentía la necesidad de creer que duraría ese sentimiento, a pesar de que no fue así, reiterando que al menos lo intentó.

También explica que el título de la canción, a pesar de las teorías sobre la edad de Jesús que se encuentran en la red, es en realidad porque un amigo suyo le leyó las cartas de Tarot, siguiendo la historia de éxito a sus 27 años, diciéndole que a sus 33 años, la vida le cambiaría por completo.Y al parecer era cierto: para 1995 sacaría Mellon Collie & and The Infinite Sadness, su disco más aclamado y se estaría separando de su esposa, tramitándose el divorcio en el 97...

Justamente para el año 2000, cuando hacen el programa especial de vh1, es que efectivamente Billy Corgan tiene 33 años y puede contar la retrospectiva de su vida y como ve ahora la lírica de "Treinta y tres", con Adore y Machina, ya también publicados.

Tal vez de adolescente no pude entender de la mejor manera el mensaje dentro de ésta canción, pero conforme pasan los años, y en el contexto en que lo explica Billy, es ahora para mi un mensaje de -retomando las propias palabras de Corgan- esperanza y fe, de  recordar que el punto máximo de nuestra vida, radica en la felicidad propia y no la supuesta de los estándares, que se puede lograr tratando día con día y apreciando los momentos por los que vale la pena vivir.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Mundana. Cuento*

He deicidio dejar de verle. Mundana ha sido su nombre de rebautizo, porque creo que si vuelvo a pronunciar su nombre, volveré a querer tocar sus pecas.

Todos piensan que somos pareja, y vaya que no podrían estar más equivocados. Ella solía tomarme de la mano todo el tiempo y besarme en las comisuras de los labios. A veces se sentaba en un lado y subía sus piernas en las mías, mientras me platicaba cómo y cuántos tipos habían estallado entre sus blancas piernas, tan sólo en el último mes. A veces entre cada relato, me cogía las manos y las colocaba en sus senos diciendo que era la parte que mas le gustaba de su cuerpo. Yo sólo sentía como la cara se iba tornando roja y trataba de safarme, haciéndole saber que en mi casa me enseñaron a respetar a las mujeres, entonces ella se reía y se recostaba en mi hombro, acercando su mano a mi entrepierna.

No tengo el recuerdo de mi primer contacto con alguna droga, pero se que ella podría ser una. Es como aquel día en Hache Uve, donde recuerdo haber estado esperándola. Dijo que quería verme, estar conmigo. Recuerdo ver pasar el segundero una y otra vez por el número nueve, mientras bebía vodka. Le llamé unas veintisiete veces, en 3 horas. En la última llamada, al sonar el cuarto tono, me contestó un tipo y escuché la risa de Mundana al fondo. Me colgó. Recuerdo estar intentado dejar de beber ese tarro transparente. Apenas llevaba un tercio bebido y mi cerebro gritaba "déjalo ya", cuando sentí un mareo y esa somnolencia insoportable, casi estuporosa, que me jalaba con gravedad a la mesa. Sin embargo, era más mi deseo de ver el tarro vacío que mi preocupación por mi estado mental, por lo que hice caso omiso al grito, y mis entrañas y parpados lo pagaron. 

La siguiente vez que vi Mundana me regaló un pastel. No me dio explicación alguna de la llamada o la voz del tipo, o de porque no llegó, sólo se comportó como si nada hubiera sucedido. No sé aún que pensar, pues no fue hasta que llevaba comida media porción, cuando decidió decirme que era con tetrahidrocannabinol. Reímos tanto rodando en el suelo mientras el pasto crecía y yo me sentía caer, que no me percaté de nuestra existencia hasta el día siguiente. Al despertar le propuse ir a vivir a un departamento y aceptó. Me dijo que cada noche intentaría violarme. Sentí un sudor frío y la boca seca. 

Di el depósito para el apartamento y firmé el contrato mientras ella se colgaba de mi brazo. Al salir de nuestro nuevo hogar, dijo que había cambiado de opinión. Su diminutas pecas se reían de mi.

Estoy en el departamento desde hace un mes sin saber de ella. Hoy me he levantado a las seis de la mañana porque me han traído un espejo de la tienda. La verdad es que siempre los he odiado, pero éste venía de regalo con la base del colchón. Al revisar el teléfono noto que me ha llamado ya veintiocho veces. En la última llamada ha dejado un mensaje diciendo que esta embarazada, que es mío, que lamenta haberme rechazado tanto, que va pagarme todo el dinero que me debe y que solo necesita abrazarme. Ha terminado el mensaje diciendo que lo nuestro es especial y que el bebé creciendo en sus entrañas esta hecho con amor de verdad, bajo los efectos del pastel.

Me falta el aire. ¿Esta embarazada? ¿De mi? Siento alegría y ganas de llorar... luego pienso en lo ridículo que es todo, pues al observar mi reflejo en el espejo que he recibido, noto mis lagrimas cayendo entre mis senos. No puede ser mío. Y Mundana no puede ser mía.

Dejar de verle es estar frente a ese tarro transparente, con aun dos tercios de alcohol, mientras sufro la necesidad de beberlo. He pensado en sacarme los ojos para no verle jamás, pero no hay algo que me aterre más que la anatomía del globo ocular siendo mancillada.